La autorrealización ¿es un mito inalcanzable o una meta plausible?

Ese estado de plena satisfacción donde se han desarrollado las potencialidades personales, la identificación con el yo personal se ha expandido a un sentido colectivo cósmico vital de comprensión y benevolencia y se vive en permanente estado de lucidez.

Parece una quimera, una promesa de que el futuro será mejor si te esfuerzas mucho en mejorarte.

Yo personalmente, no tengo ni idea. Pero el otro día me atravesó un pensamiento estremecedor como un relámpago en cada una de mis células: la importancia de un mito creíble hace que la sociedad funcione «correctamente». Antes la iglesia prometía la salvación y el cielo, ese mito se ha caído con la llegada de la sociedad postmoderna y ante la urgente necesidad de mitos que den sentido a nuestra vida aparece en la década de los años 60 el mito de la autorrealización introducido por Abraham Maslow.

Lo que no se si calculó es que se iba a convertir en una de las quimeras de oro de la Nueva Era y de las terapias alternativas, de los yoguis occidentales, de los gurús y maestros espirituales .

Si ampliamos el horizonte no es descabellado el paralelismo con la idea del cielo de la iglesia. La promesa de la redención. La promesa de la felicidad como un estado final permanente obtenido con esfuerzo y dedicación.

Hoy, sin caer en el escepticismo sistemático, hay que tomar conciencia de las creencias que compramos, para tener una actitud integradora y holística de verdad. En el sentido de totalidad.

No somos luz. No somos ángeles. No somos paz.

No por ahora.

Lo somos todo. Luz, paz, dolor, sufrimiento, mente, cuerpo, somos espíritu, rabia, ángeles y demonios, abarcamos todas las posibilidades, en todos existen aspectos relacionados con el mal y aspectos relacionados con el bien.

 

 

Y esto es un enfoque no dual, aunque aparentemente parezca dual. Porque lo que hace es integrar los supuestos opuestos y, en vez de asumirlos como contrarios, convertirlos en complementarios dentro de una misma unidad.

Una mirada integradora acepta todas esas partes o aspectos de cada uno, generalmente relegadas a los sótanos del inconsciente.

Lo único y lo mejor que podemos hacer es tomar la decisión de aceptarnos tal y como somos. Salir del modo automático, dejar de ser autómatas. Aceptar el dolor, aceptar el miedo, aceptar el amor, aceptar la vulnerabilidad, aceptar la rabia.

Volvernos autoconscientes y decidir vivir despiertos, atentos y presentes.

Javier Riestra Puga

Retiros de Autodescubrimiento, Transformación y Consciencia

Agregar comentario