fbpx

¿Conoces a los Okapi??

¿Has oído hablar de ellos??? Yo nunca, la verdad. Ayer vi un documental y ¡fue todo un descubrimiento!

Es un extraño animal, parece una pequeña jirafa marrón y sin ningún dibujo salvo en sus cuatro patas, donde lleva el mismo diseño que las cebras.

O sea, jirafas pequeñas con patas de cebra. ¡Como de fantasía! Del mismo planeta que los unicornios.

Dentro de su peculiaridad, resultan bonitos y entrañables.

Y…  para variar están en peligro de extinción. Y es que necesitan unas condiciones muy concretas para poder desarrollarse y mantener la especie.

Climas tropicales, espacios muy silvestres y recónditos, sin presencia humana, condiciones que parecen darse únicamente en ciertos parajes naturales de África.

El hábitat en el que viven es muy frondoso y de árboles altos y ahí es donde consiguen pasar bastante desapercibidos, pues son de carácter solitario.

A las hembras les lleva unos 14 meses dar a luz un bebé okapi que no será autosuficiente hasta los 2 años de vida. Bueno, eso las hembras, los machos aún necesitarán más tiempo.

 

 

Y…

Sí. Los leopardos se los comen.

Parece que hasta hace unas décadas era su único depredador… hasta que el siglo pasado el hombre blanco apareció.

Y ahora entre la caza y la destrucción de su hábitat están a un pelo de desaparecer.

 

Son muy vulnerables…

 

… al igual que otra gran cantidad de especies y razas del planeta… incluidos nosotros, los humanos, aunque nos consideremos muy resistentes a los cambios. No hay más que ver lo que nos está sucediendo en estos últimos tiempos.

Cuando las condiciones de vida cambian o el hábitat se transforma o nos empiezan a rodear “depredadores” ya sean mayores que nosotros o bien microscópicos, TODO nuestro sistema se pone en juego.

Aunque… no es necesario que venga un leopardo a comernos o un virus a poner en jaque nuestro sistema inmunológico para que nuestro sistema interno se tambalee.

La verdad es que es algo que nos sucede silenciosamente en nuestro día a día.

Quizá te parezca exagerado lo que te digo. Pero si observas te podrás dar cuenta…

Esa sensación de ser el patito feo o la oveja negra de la familia…
Los esfuerzos por evitar ser catalogado como un desastre, en el trabajo, en casa…
La exigencia de ser mejor profesional, más perfecta, más listo, más cachas…
La sensación de buscar el bienestar interno, la paz, la calma y no alcanzarlo nunca…

Básicamente… miedo a ser juzgados, etiquetados, calificados… miedo a equivocarnos, a ser rechazados… miedo al fracaso, a la escasez…

 

 

Y es que sí… vivimos en un hábitat en el que prácticamente de forma constante nos juzgamos unos a otros, nos descalificamos, criticamos, desaprobamos, ninguneamos…

Los padres a los hijos, los hijos a los padres, los maestros a los alumnos, los alumnos a sus compañeros y profesores, tu jefe a ti, tú a tu jefe, a tus compañer@s de trabajo, a los vecin@s de la comunidad,  a tu ex pareja, a tu pareja, a…

Los entornos de convivencia a veces se nos convierten en pequeños infiernos, donde lo que empieza a estar en peligro de extinción es… la libertad de ser. Si voy a ser juzgado cada vez que hablo, desaprobado por lo que hago o no hago… voy a tomar por estrategia vivir en una constante evitación y limitación.

Quizá reconozcas esta sensación o quizá  no.

En cualquier caso, lo que sí reconocerás es que sentirnos libres de ser como somos en cada momento, nos facilita enormemente expresar nuestra naturaleza sin limitaciones, lo que abre paso a una gran creatividad y sobre todo a dejar que brote nuestra inteligencia original, la nuestra propia, que a base de tanto juicio y tanto miedo había quedado relegada a las catacumbas de nuestro ser.

Y justo ahí es donde queremos, desde el camino sencillo, poner un grano de arena, una aportación importante.

Como el Okapi en su bosque tropical, cálido, húmedo y solitario, queremos crear las condiciones propicias para que nuestra capacidad de desarrollarnos, nuestra creatividad, nuestra alegría de vivir dejen de estar en peligro de extinción y en situación de extrema vulnerabilidad .

Y ¿cuáles son esas condiciones propicias??

Básicamente… aceptación y empatía.

De esas condiciones surge un espacio de acogimiento, calor, intimidad, inclusión, aprobación, una cualidad de sentirse visto y tenido en cuenta, sentirse parte, donde uno empieza poco a poco a confiar en sí mismo y en su naturaleza, a darse cuenta de que, como una semilla, contiene en sí toda la información que necesita para crecer, desarrollarse, realizarse y florecer.

El florecimiento necesita un terreno fértil y abonado. Y ese terreno, es el que queremos ofrecerte en el camino sencillo.

Un lugar donde sentir que estés como estés, estás bien.

 

 

Y con ese objetivo, hemos preparado un espacio íntimo, de confianza, grupal donde se den las condiciones propicias para avanzar junt@s hacia el desarrollo y sostenimiento de nuestro amor propio.

Lo hemos llamado el GIMNASIO DE LA ESCUCHA.

Y en el enlace de abajo te dejamos más información

 

EL GIMNASIO DE LA ESCUCHA – Descubre tu sabiduría interna. Siempre ha estado ahí

 

Zorione Aurrekoetxea

Equipo de el camino sencillo

Agregar comentario

Abrir chat