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El ser humano es neutro, un campo de potencialidad pura. Contiene en sí mismo todas las opciones posibles para poder ser desplegadas en función de los estímulos externos ambientales y viene de fábrica con toda la información incorporada en su configuración básica para este despliegue cuántico.

Lo explico: toda la información ya está dentro, latente, pulsátil, a la espera de un click que la active, que la canalice.

Por eso somos todos sabios, por eso existe lo que llamamos «un maestro interior«.

Por eso, no se trata de dar lecciones sino de crear espacios fértiles para que se desarrollen esas facultades latentes que ya estaban ahí.

Y esto nos lleva a la comprensión de que esta sabiduría es total y está en todos y lo que la canaliza o posibilita es EL ESCENARIO.

No hay personas especiales, hay personas en un escenario fértil, adecuado para activar sus maestros internos.

Es la frecuencia del grupo la que activa los resortes internos. Los maestros internos.

De ahí la magia de los retiros espirituales y de desarrollo personal. Por eso la necesidad de construir espacios de conciencia, autoconocimiento y apertura del corazón.

 

 

No es el gurú ni el maestro como se pensaba antes quién transforma. Es la frecuencia del escenario.

Es la fuerza misma del grupo, de la familia.

Y hablando de mentes cuando se conectan a la fuerza del grupo… no hay ideas únicas y privadas, ni hay realmente descubrimientos individuales. Aparentemente sí, pero las mentes son una sola colmena y su evolución es la del marco contextual y temporal de la especie.

Lo que hace compasivo o cruel a un ser humano es el escenario donde se desenvuelve y el grado de conciencia que ha llegado a desarrollar en su proceso de vida (que a su vez también viene determinado por los estímulos externos durante esa vida).

 

 

Nadie es bueno o malo. Somos todos iguales. La misma cosa.

En ese aspecto la psicología conductista aunque un poco anticuada tiene mucho de acertado, solo se le olvida la parte espiritual. No somos máquinas biológicas, tenemos conciencia. Y no somos solo programación, tenemos consciencia.

El soldado que viola y mutila en Sierra Leona, el político corrupto que roba dinero y el empresario que vierte contaminantes en el mar soy yo, eres tú, es el niño que cuida de su madre, el refugiado que protege a su familia y el médico que salva vidas.

Todos hemos hecho y hacemos lo único que podemos hacer, porque el río de nuestra vida solo nos ha podido llevar a esa desembocadura única.

Navegas en tu devenir cósmico.

Hacemos lo único que podemos hacer y creemos elegir, pero estamos siendo la única y mejor versión que podemos ser de nosotros mismos en cada instante.

 

De manera que olvídate del lastre de la culpa por no haber elegido mejor. Ya estamos recogiendo los frutos y consecuencias de cada decisión tomada y en ellas hay el grado de aprendizaje necesario para trascender el sufrimiento.

Esto no significa que uno venga con un destino predeterminado, significa que el campo fractal de posibilidades te lleva por un camino que no está trazado ni diseñado pero que a su vez es inexorable y único y solo se habrá terminado de dibujar al final de tu vida. En ese aspecto somos lienzos en blanco. Somos la roca que contenía al David.

El dolor te puede llevar a un lugar de aprendizaje y maduración o te puede llevar a la separación, el miedo y la violencia. Pero todos los seres humanos son iguales de buenos o de malos. En realidad, no existen tales conceptos de bueno y malo. Existe el dolor y las herramientas para gestionarlo.

Sí, en el mundo de la forma aparentemente hay malos y buenos, pero no en el mundo de la comprensión de la naturaleza humana.

 

 

Y aquí se abre un intenso debate.

¿Qué es la maldad? ¿Existe la maldad? ¿Hay fuerzas del bien y fuerzas del mal?

A mí me suena todo muy obsoleto. Muy primitivo.

Somos todo.

Un TODO en un contexto que determina la forma en que se manifiesta la experiencia individual.

Tu eres bueno, eres malo. Y a la vez, no eres nada de esto.

Lo que determina tu existencia es tu nivel de conciencia. Si es bajito pasan unas cosas, si es alto, pasan otras. Pero no lo has escogido. No eres culpable. No eres erróneo.

Eres el reflejo de tu vida y tu nivel de consciencia, ahora mismo, el cual, y me repito, viene determinado en gran medida por el escenario y por los estímulos externos junto al grado de consciencia personal desarrollado en la historia biográfica de cada uno.

 

Por eso los escenarios son clave y el perdón necesario.

Por eso soy terapeuta, por eso el camino sencillo.

Esto, humildemente compartido aquí, es un pensamiento personal, sin intención de dar lecciones ni sentar cátedra, sino de transmitir un sentir profundo, poniendo palabras a un aroma de aprendizaje mágico y verdadero que mi existencia exhala.

 

La pandemia de la conciencia no tiene vuelta atrás, la inteligencia emocional, espiritual y el desarrollo personal han venido a hacer que el ser humano dé el salto necesario para pasar al siguiente nivel como especie.

Y puedo sentir que esta pandemia es infinitamente más fuerte e implacable que las guerras, las miserias, la desolación y el ansia de poder que han acompañado de siempre al ser humano.

 

 

Si te interesa participar en nuestro próximo Retiro, donde encontrarás un escenario propicio para tu crecimiento personal, nos tienes en La Casa Toya del 10 al 16 de Agosto.

Retiro de Conciencia y Crecimiento Personal – 10 al 16 Agosto – Casa Toya, Zaragoza

Descubre tu sabiduría interna. Siempre ha estado ahí.

 

Gracias por permanecer.

Un texto de Javier Riestra Puga
Equipo de el camino sencillo

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