Dicen que el que canta su mal espanta”, decía una canción del Último de la Fila de su primera época.

Y debe ser cierto, porque no son los únicos que lo dicen. Es un saber casi tan antiguo como la humanidad que quien canta sus miedos espanta.

Por curiosidad he realizado un estudio casi científico entre los profesionales que han venido a hacer alguna labor en mi casa o cercanías, albañiles, carpinteros, fontaneras, pintores, etc… y no falla.

Las personas más ambles, positivas o agradables de pronto las oyes canturreando al tiempo que dan alegres martillazos, mientras que a las que no entonan ninguna melodía se les suele ver con el ceño fruncido o quejándose de algo que parece no estar bien o como a ellos les gustaría.

Silbar también sirve como canto.

Hay cosas que son reversibles, como los calcetines.

Yo observándome a mi misma, me parece que más bien lo que pasa es que cuando he espantado mis males y estoy contenta, de pronto el canto surge como si hubiera un ángel dentro esperando a que la compuerta se abra.

(Bueno, algunos más que ángel tenemos una rana dentro, pero eso es otro cantar ;P )

Es decir, que el canto natural, el que brota de dentro y que todos tenemos sin necesidad de ser aspirantes a la Voz, es una consecuencia de un estado de ánimo, de un sentimiento interno, igual que la risa, la alegría, el agradecimiento…

Seguro que también te pasa, verdad?

Que de pronto te encuentras cantando en la ducha, mientras cocinas, cuando vas caminando al trabajo, etc…

 

 

Pero también te sonarán esos momentos en que las notas musicales parecen haber huido a otra galaxia, pues hay tantas cosas en qué pensar y que resolver que lo último es abrir la boca para dejar salir una melodía.

Lo mismo que les pasa a los fontaneros y pintoras que no cantan. Que están con otro runrun interno.

Entonces apuntarte a un coro o poner el spotify a todo volumen puede ser una buena terapia para espantar los miedos, las preocupaciones.

 

Suspirar, bostezar, cantar… en ese orden alivian la ansiedad de mayor a menor grado. Aligeran el corazón y la opresión que sentimos en el pecho se suelta increíblemente.

Pruébalo cuando estés angustiada.

Suspirar, exhalar largamente la letra aaahhhh descarga muchísimo la presión del pecho, la garganta. De hecho es un mecanismo natural que reversiblemente podemos usar cuando nos demos cuenta de hay algo a punto de explotar por dentro.

 

 

Bien.

 

Paralelamente… otra forma de espantar los males es mirarlos detenidamente. Ver qué nos cuentan, de qué nos hablan, qué es lo que tanto nos asusta de lo que pueda pasar…

Los males en general se corresponden con un sistema de pensamiento que se ha instalado en nuestra mente, ideas sobre nosotros mismos, los demás y el mundo que nos dan miedo, nos asustan, nos empequeñecen…

Miedo a que no nos quieran, a que nos maltraten, a tener explosiones de rabia… a ser el último de la fila…

Conocer ese sistema de pensamiento y saber qué hacer con él cuando se encabrita es tan efectivo o más que la mejor de las óperas.

Saber cómo nos afecta, qué nos hace creer, cómo gestionarlo para poder ser más amable contigo mismo y con los demás, andar por la vida con una actitud más segura, girar tus relaciones hacia el entendimiento, etc, etc…

Si te interesa profundizar en ello, tener una vida más amable, más bonita, en los RETIROS de el camino sencillo tendrás no solo mucha información nueva sino también la vivencia para experimentarlo.

Y verás que te irás mucho más liger@ de lo que llegaste.

Retiros de Auto-Conocimiento, Consciencia y Bienestar

PD: Conocer y comprender cómo está funcionando tu mente te hará sentir taaaanto alivio, que no será para nada raro que te fueras cantando.

 

Zorione Aurrekoetxea

Educadora en la Escuela de Inocencia

Equipo de el camino sencillo

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